martes, 30 de marzo de 2010

El equilibrio justo

Mucho se habla de la falta de compromiso de la gente, de lo difíciles que son la relaciones humanas hoy en día. Hecho que se repite también en sectores del poder, con lo cual más complejo se hace encontrarle una solución a esto.



Pero también creo que desde hace un tiempo nos topamos con otro problema que es el que nos lleva a esta conflictividad en nuestras relaciones, tanto afectivas, profesionales como políticas. El problema, a mi entender, tiene dos caras que se enfrentan: la ausencia de culpa y la victimización. Ambas actitudes llevan a la parálisis de la evolución como ser humano.

Como sociedad tanto esfuerzo nos ha tomado "quitarnos las culpas" que en algún momento pasamos a tener fácilmente la otra cara, la de la víctima. Si yo soy la víctima, la culpa la tiene otro, por lo tanto ¿qué puedo hacer para mejorar o zanjar una diferencia? Nada, "queda la pelota" del otro lado de la cancha. El problema se agrava  si "el otro" también se posicionó en víctima, ya que quedaría la solución de mi lado. O sea, estaríamos aquí ante una cuestión insoluble.

Cuando nos posicionamos en este lugar reiteradamente, perdemos la oportunidad de crecer, de avanzar , ya que así nos estaríamos privando de corregir los errores que pudiéramos haber cometido para no reiterarlos en un futuro.

Entiendo que esto se hace algo engorroso de modificar cuando nos encontramos con que quienes nos gobiernan son víctimas de una oposición "desestabilizadora" y cuya soberbia les impide ver sus propias culpas. Y también tenemos una oposición política víctima de la supuesta tiranía del gobierno pero no culpable de sus propios desatinos y desencuentros.

Tendremos entonces que buscar como individuos y como Nación un equilibrio. Ni culposos ni víctimas, sino responsables.

martes, 23 de marzo de 2010

El País del Nunca Jamás

El país del Nunca Jamás nunca jamás fue violento ni peligroso. Nunca jamás un gobierno terminó inconcluso ni unos militares tomaron el poder con el saludo de muchos civiles. Nunca jamás hubo torturas ni dolor, ni chicos que perdieran su identidad. Nunca jamás la palabra, la poesía ni el pensamiento diferente fueron prohibidos. Nunca jamás hubo miles de personas que hayan sido como volatilizadas en el aire sin una justicia que los amparase. Nunca jamás hubo traidores que entregaran a jovenes a las puertas del infierno, mientras ellos seguían subidos a una necia soberbia.  Nunca jamás un estado que debía proteger a su pueblo se convirtió en un brutal y cobarde asesino.
Pero todo esto ocurrió en el País del Nunca Jamás. Hagamos para nosotros el País del Nunca Más.

jueves, 18 de marzo de 2010

No voy en tren. Tampoco en avión. Voy en subte.

 retomado el uso diario del servicio de subterráneos y me he encontrado que las cosas no han variado mucho a través de los años, exceptuando la cantidad de usuarios. Antes era mucha, ahora es demasiada.
Pero ese no es el punto por el que escribo ahora sino que voy a escribir sobre la otra gente. No voy a escribir de las personas que van de un punto X  a un punto Y, gente como uno, bah, sino de la gente que se instalan en un línea durante el día y van correteando de formación en formación y de vagón en vagón. Esta gente también es demasiada.

Una sube en una estación, a veces arrastrada por una marea humana y asi entra al vagón, a los tumbos y de pronto se encuentra con una palma de mano chiquita que quiere ser estrechada por la mia. Así, sin entender bien de que viene la cosa le doy la mano a una criatura que apenas levanta dos palmos del piso y que con la mirada vacía deja adosada a mi mano una tarjeta por demás ajada con un papelito donde se supone describe sus necesidades. Luego con desgano recoge alguna limosna y las tarjetitas, que siempre le son devueltas.

Mientras me quedo observándola, me ataca por detrás un jovencito, no mucho más alto que la niña anterior pero en este caso no tiene tarjetas. Tiene pelotas de colores. ¡Oh, no! ¡Un niño malabarista! Voy a confesar que les tengo miedo. Sí, llamenme del modo que quieran, pero les tengo miedo. Yo vi en una ocasión como una de las pelotitas impactó en la cara de una chica. Y le dolió, vaya que si le dolió. Ahh, con alivio veo que pasa de largo y va al vagón siguiente.

Pero no nos ibamos a quedar solos los pasajeros así como así. De otro vagón se siente acercar  una especie de mantra o por lo menos a mi me suena asi. Claro, no les dije que voy escuchando música con mi reproductor, asi que todo por detrás es un murmullo. Es un señor no vidente que, si bien hace años que hace esto y tiene experiencia en  ir caminando por la formación mientras está en movimiento, a veces tenemos que entre todos ir manteniendolo en el centro del pasillo porque debido a los bamboleos varios parece un muñeco de metegol que va de lado a lado.

El subte avanza y avanza y yo me dejo llevar por unos acordes que emergen de mis auriculares, en la radio pusieron ese tema, el que estaba esperando escuchar cuando de repente un sonido de lata interfiere en mi audición. Tomo el reproductor y como frénetica lo saco de la mochila, lo muevo de aqui para allá, tratando de orientar la antena pero la lata sigue de fondo. Me digo: "¡El celular! Me debe estar sonando el celular" Entonces, no ya  como una frenética sino como una loca sin remedio, levanto la mochila y la escucho. Sí, si ustedes me ven por ahi escuchando mochilas, carteras o tapados, no se asusten, es el primer paso que hago para detectar si está sonando mi celular. Continúo con mi problema de lata, el asunto es que no es mi celular. Finalmente levanto la vista y noto que ya estoy acercandome a mi punto Y (o sea estoy llegando a destino) y ahi resuelvo el misterio. El productor sonoro es otro señor no vidente con una guitarra criolla y un miniamplificador que está embistiendo un tema de José Luis Perales a un volúmen considerablemente alto. Tema y señor que me acompañaron ya demasiadas veces esta semana, como  ¡tres veces!!!!

Bajo del vagón, me saco los auriculares, apago el reproductor y me pongo a pensar que este viaje puede pasar a formar parte de la galería de escritos de mi blog. Después de todo sería como escribir sobre una neo y subterránea corte de los milagros.

martes, 16 de marzo de 2010

El Método

Jean-Luc tenía un método curioso a la hora de dormirse.  Una vez que apoyaba la cabeza en la almohada, en su cabeza comenzaban a circular imágenes del sueño de la noche anterior, hasta quedarse profundamente dormido.
Una vez que entraba en la profundidad de la noche y de su descanso comenzaba a soñar.

Siempre su sueño era una continuación del anterior. Su vida onírica era una historia sin fin que corría en paralelo con su vida real. Hasta que un día le ocurrió lo que muchas veces a tantos: no pudo recordar su sueño. Por más que se esforzó y buscó en su melindrosa memoria, el sueño anterior no apareció. Estaba demasiado aferrado a su técnica, demasiado. Finalmente se durmió, cansado de tanto hurgar en sus recuerdos de la noche anterior.

Lo encontraron aquella mañana con una sonrisa estampada en su rostro macilento, después de haber disfrutado de su último sueño que ya no tendría necesidad de recordar.

lunes, 8 de marzo de 2010

El momento

Eran las 6 de la tarde y llegué temprano. O llegué a tiempo para sentarme en un cantero. Por techo, una rama de jacarandá florecido. Me rodeaba una brisa fresca y perfumada. Tardé en descubrir que el aroma que tan plácida me hacía sentir era el del pasto recién cortado. Estaba aislada del bullicio callejero auriculares mediante y acompañada de música ligera.
La boca del subte no cesaba de entregar pasajeros a la calle y, desde la fuente, los bailarines en su eterna danza estaban ausentes, solo oyendo los aplausos de un público que siempre estará. A unos metros el aguaribay se hamacaba, siguiendo el compás de mi música.
No, no llegué temprano. Llegué justo a tiempo para capturar ese momento, no era el de antes ni sería el siguiente. Era el momento.

jueves, 4 de marzo de 2010

Bienvenido, Bicentenario

"Bienvenidos, ingresantes del Bicentenario", dijo la Rectora, mientras Bartolomé Mitre, Carlos Pellegrini, Vicente Fidel López y otros mudos testigos miraban desde las paredes. Y ellos, los padres, se emocionaron. Su propia adolescencia reaparecía pero con la mirada de adultos puesta en su hija. 

Nueva esperanza de otra Argentina nacía. Esta Argentina viene con la "yapa" de una Democracia que no tuvieron ellos en aquella etapa de su vida. Sonó hasta raro cuando escucharon hablar de Patria, del Saber y de otros tantos valores que parecen discurrirse a veces por terrenos no fértiles pero la esperanza seguía ahí, latente.

Cuando el Himno comenzó a arrullarlos, ella miró por una ventana y vió a la Bandera Nacional del colegio moverse según los compases, vió a un jacarandá florecido que parecía estar hablándole mientras enmarcaba al Palacio de Justicia de la Nación y entrevió, con una escondida sonrisa, que un futuro luminoso podía comenzar hoy a trazarse desde unos cuantos pupitres nacionales.