viernes, 26 de febrero de 2010

Paren el subte. Yo me quiero subir

Hoy mantuve una pelea desigual aunque al principio lo tomé como una lucha de titanes para terminar luego sintiéndome Pulgarcita frente a King Kong.
Algunos ya conocerán que la Subtecard es una tarjeta a la cual se le carga un monto determinado de dinero y luego es usada en los molinetes para acceder a los viajes en subte. Cuando se agota la carga, esta se renueva automáticamente a través de la tarjeta de crédito. Hace un tiempo que gracias a este adminículo, desaparecieron para mi las colas en las boleterías, especialmente en las horas pico. 

En unos días mi hija comenzará lentamente a volar sola por la ciudad y para ello necesitará su propia subtecard. Esta mañana pasé por la boletería de la estación Palermo preguntando donde la podía conseguirl y atentamente me explicaron que ellos no lo hacían pero que pasara por alguna oficina. Agradecí y bajé para realizar el viaje preguntándome donde se encontrarían las oficinas de Metrovías. Inocentemente dejé pasar una estación más a la que yo debía descender para bajarme finalmente en Callao, donde un "nosequé" interno me decia "alli están las oficinas, alli están las oficinas..." pero no, me vi en la lamentable obligación de interrumpir una conversación entre dos empleados que poco gustosamente me dijeron que "pregunte en una boletería". ¡Qué paradoja! Yo estaba preguntando en una boletería, siendo ellos los boleteros..... Crucé el andén y pregunté en la boletería enfrentada a la anterior, donde un colega de los anteriores pero con predisposición a atender al cliente sí pudo explicarme que fuera a Tribunales.

Me colgué la mochilita y hacia aquella estación me dirigí. Otra vez tuve que hacerle suspender una charla a dos empleados y uno alcanzó a señalarme con desidia la oficina. "¡Ahhhhh! ¡Al fin!", me dije. Pero no, aquí comenzaba otra historia. 

Me recibieron dos personas muy atentas y un caballero me invitó a sentarme. Esto ya se estaba poniendo hasta lujoso, diría. Comenzaba acá una lucha de poderes. Me solicitó para iniciar el trámite DNI y $25 aunque yo vi a través de sus ojos esto: "¡Ja! Minga que vas a tener el DNI con vos y apenas si rascarás $15 de tu roñosa billetera" Yo triunfante contesté "Ok, comencemos. Y quiero que me debiten la renovación automáticamente de la tarjeta de crédito (Tomá pá vos)"
Vi su sonrisa sardónica y nuevamente un brillo extraño en sus ojos: "Ahh, en ese caso necesito su DNI, $50 y un .... servicio donde figure su domicilio." ¡Zas! Me volvió a agarrar, no es natural que uno ande portando servicios en su mochila. En la mia hay anteojos, pañuelos, llaves, celular, agenda, tickets sueltos, reproductor de mp3, cuaderno, pasajes de colectivos añejos y hasta un destornillador pero boletas de servicios no, esos sí que no abundan.
 
Pero tenía un as en la manga: mi propia subtecard que fue extraída de manera triunfante de mi bolsillo trasero y revoleada asquerosamente delante de los ojos de mi contrincante. "Bueno, - respondió el derrotado- con esto no hace falta la factura de servicios ya que entonces el domicilio está cargado en la base de datos." Mientras él, deprimido, iba cargando los datos de mi tarjetita en la PC, mis ojos tenían instalados el color de la victoria. De pronto, ocurrió lo peor................ El hombre recobró el extraño brillo en sus ojos y con una sonrisa hiriente me dijo: "Esta tarjeta no está a su nombre." 
No quizo entender razones de que el señor que figuraba como titular era mi marido y muy legítimo, que vivimos en la misma casa y que hasta compartimos el cuarto. No, el hombre siguió emperrado en que le demuestre que vivo donde yo digo que vivo y le importó un comino si estaba casada o en moderna unión civil con el titular de la tarjeta.  Como no había quedado ningun miserable Metrogas o Edenor dando vueltas por algun bolsillo, solo atiné a empuñar mi destornillador y aplicarselo amenazadoramente a la yugular mientras le susurraba  "¿Por qué me es tan difícil subirme a este tren?"

jueves, 25 de febrero de 2010

Sorpresas al mediodía

El calor en Buenos Aires, no hace falta decirlo, es insoportable. Más teniendo en cuenta si el mediodía lo encuentra desprevenidamente en Florida y Corrientes. Si uno está de paseo, todo se hace más soportable pero si en realidad lo que va a hacer es simplemente almorzar en su única hora de descanso, la cosa se pone un tanto más densa. 

Imaginemos que usted baja los cinco pisos que lo separan entre la paz y el aire acondicionado de su oficina del  el asfalto y los treintra y tres grados centígrados de la urbe. Ni bien sale de la recepción del edificio se encuentra que casi no puede pasar por la vereda. ¿Por qué?. Parece ser que en la peatonal hay espectáculo gratis y todos sabemos cómo somos los argentinos, cantidades de potenciales espectadores se van deteniendo a ver que pasa, entre ellos usted. Un buen señor se ha tomado el trabajo de escribir cartelones insultantes hacia ... su hermano Jacobo. Su propio hermano lo ha estafado y el ve cómo única salida la de publicitar gratuitamente el dolo filial. Quizás no le tenga confianza a la justicia o quizás espera una respuesta social al asunto y con eso dé por terminado el problema.

Usted se aburre y se dirige hacia la esquina. Allí un hombre vocea una propuesta original. ¿Cuál? Juntar firmas y poder así remover a un funcionario del gobierno, nada más que al máximo funcionario. Pero no quiere echarlo así nomás, no. Piensa ofrecerle un buen retiro voluntario y sino, ¿negociará?. Sobre Constitución y Democracia el hombre no está muy informado. Claro, usted se pregunta a que hombre me refiero. Elija.

Digamos que ya eligió y cruza esa ochava. Se encuentra con otra multitud detenida pero esta vez rodean a algo grande. Sí, lo que usted ve. Una limousina que, mediante carteles pegados, se ofrece a sí misma como una "ganga" de u$s 10.000. No alcanza a leer donde hay que tratar pues entre sus planes está arreglar esa vieja y bien nacional Estanciera del '62. Ya se la imagina con esas cubiertas especiales, faros potentes y ese rugiente motor trotando en la playa, todo esto en buena compañía y con un atardecer arrollador. Después de todo, ¿no siente que la temperatura comienza a descender hasta grados más soportables? Y hasta quizás con un poco de voluntad yo me convierta en esa buena compañía.  

Susurros en una noche de verano

Siempre se dijo que los viajes y los reencuentros alteran la rutina de cualquiera, incluyéndome a mí. Sabía que la luz estaba molestando a mi compañero de ruta, a quien también un viaje lo tenía mal, fue entonces que decidí levantarme a tomar un té y a continuar con mis crucigramas  en el comedor.  

Mientras desplegaba estas dos actividades, más la de mirar televisión sentía conversar muy animadamente a las vecinas del conventillo lindante. Estaban haciendo uso de la estupenda noche con que eran obsequiadas.  En un instante, algo me sacó de mi abstracción, también acalló a mis vecinas. Era algo indefinido entre gritos de mujer, ladridos y voces varoniles y violentas.

Enmudecí mi infatigable televisor y me acerqué al ventiluz de la cocina. De pronto mi memoria se sacudió, lo que estaba oyendo alguien ya me lo había contado. Los gritos de mujer tenían un timbre diferente, los ladridos claramente pertenecían a un perro y el tono violento sí pertenecía a un hombre, más exactamente un policía.  

Las crónicas cuentan que en mi cuadra suele pasearse una travesti a la espera de algún trasnochado cliente con la única compañía de un perrito que sufre los golpes azules tanto como su dueña. La lucha siempre es constante, un policía de civil la quiere llevar detenida, grita, el perro se asusta y aúlla, el hombre se molesta y patea al perro que comienza a ladrar, mientras la travesti comienza a tratarlo de delincuente y corrupto (al policía, no al perro) y es allí cuando intenta tomar poder el vecindario. Salen de cuanta ventana y hueco se pueda para frenar la detención y para colaborar en la producción de insultos. 

Hoy no creo que se consiga mucho, la noche la deberá tener que pasar en la comisaría, el perro dormirá en cualquier lugarcito de la cuadra y el uniformado sonreirá satisfecho por la labor cumplida. Dura labor. 

miércoles, 24 de febrero de 2010

El Dragoncito

Para Pili - 2001  
 

Yo soy un dragón. Un dragón chiquitito y no me gusta mucho ser lo que soy. ¿Qué es eso de andar echando fuego por la boca y asustando a la gente? En la antigüedad todos los dragones se reían de mí, por verme tan pequeño y porque no me gustaban los tesoros. Ellos se aprovechaban de su enorme tamaño, de sus escalofriantes gritos y del poder para  lanzar fuego por sus bocotas para apoderarse de cuanto tesoro pudieran, sin importarles nada.

En cambio, yo siempre amé vagar por los bosques y aspirar ese perfume único. Sobrevolar las colinas y sentirme libre, espiar a los niños y a reírme con ellos, aunque nunca me vieran, se habrían asustado mucho…. O no, quizás también se hubieran burlado de mí.

Los otros dragones fueron desapareciendo pero yo no los extrañé. Mientras tanto yo estaba molesto con solo una cosa: mi fuego. Cada vez que abría la boca para gritar, se incendiaba un bosque y eso me entristecía mucho.

Y así anduve por el mundo y por los tiempos, paseando y escondiéndome de todo y de todos.

En los último años me acerqué a una ciudad y me sentí muy perdido, tanto ruido, tanta gente. Asustado un día, me metí en lo que ustedes llaman cañería, rápidamente una corriente de agua me bañó. Primero me sorprendí, pero la segunda vez esperé el chorro de agua con la boca abierta y…. ¿Saben qué? ¡Mi fuego se apagó! Por un buen rato pude lanzar mi brutal gritito sin que nada pasara. Así empecé a quedarme más tiempo. Hasta que un día descubrí algo mejor, sin darme cuenta fue acercando a una bañera. Hasta el día de hoy no me he alejado de allí, sobre todo porque allí suele bañarse una niñita.

¡Cuánto me gusta escucharla jugar en el agua! Canta y yo sonrío mientras juega con sus muñecos, hasta ya conozco de memoria el nombre de todos sus amigos. Después espero que ella misma destape la bañera y me quedo con la boca preparada para apagar mi fuego. Me alegro tanto que le agradezco con mi gritito. Al principio ella se asustaba un poco pero creo que ahora ya le gusta escucharme, nunca me vio pero sospecha que yo estoy ahí.

No les aseguro que yo sea el único dragoncito que está en el desagote de una bañera. Presten atención y, si cada vez que el agua se escapa escuchan un ruidito extraño, acerquen uno de sus ojos allí, quizás puedan verlo. Porque estoy seguro que algún otro dragoncito perdido en el tiempo está apagando su fuego mientras les hace compañía en la hora del baño.


El Robatiempo

Este sujeto es una persona común, sólo que siempre está al acecho de que otros congéneres estén ocupados, entonces salta sobre ellos y les interrumpe la tarea. Claro, él se acerca con un propósito determinado, pero con el paso de los minutos este se desvirtúa. Las víctimas suelen olvidar el motivo de la visita.

Uno siente que estos seres se adhieren como unas sanguijuelas que nos quitan el tiempo, nuestro precioso tiempo. Nos impiden cualquier acción sin ninguna causa útil.


Considera necesario hacer  preguntas y en la mitad de las respectivas respuestas pierde absoluto interés en el tema.


Hay otra clase de robatiempos. Son los que cuentan historias y hechos poco importantes, con la única intención  demostrarnos su sapiencia, de cómo se deben hacer las cosas. Cuando su contrincante intenta vislumbrar una idea, lo hacen callar insinuándole que eso ya lo sabían. También suelen relatar peripecias de sus niños o sus perros de manera grandilocuente y detallada como si ellos tuvieran niños o perros con actitudes únicas en el mundo.
Otra forma de escamotear el tiempo es cuando proponen un proyecto en conjunto y uno, ilusamente, queda a la espera de la concreción, cuando ellos ya están en otra cosa. 


Van hurtando minutos, creyéndose ellos los dueños del tiempo ajeno y disponiéndolo como mejor les place.


Generalmente las personas normales están indefensas ante ellos y no se sabe cuando pueden atacar.


¡Ah! Algo muy importante. Observen que siempre andan con un maletín o bolsa, nunca se puede ver su contenido pero se ha comentado que en ellos guardan los días y las horas  robados al prójimo, después los acumulan en grandes arcones que poseen en sus casas. Esto les permite hacer uso de tiempos ajenos cuando quieran.


De ahí es que los robatiempos sean eternos.

Andrea - 1994

Bahía Blanca - Buenos Aires / Buenos Aires - Bahía Blanca

Hace 15 años que mi corazón se rindió absolutamente a los pies de la Reina del Plata pero aún me sigo adaptando a los cambios desde mi Bahía natal.

Empezando por el uso de los términos y sus diferentes aplicaciones. 

El Portero de edificio por decreto gremial aquí es el de ENCARGADO. La lejía no existe, solo es Lavandina. 
¿Las bolas de fraile? Olvídenlo, aquí son unas recatadas berlinesas y las carasucias tal como las pedíamos en la panadería El Crisol acá ascendieron a la categoría de Tortitas negras. 
Cintex o celoplint?...... mmmh, noooo!, es cinta scotch. Los colectivos dejaron de ser para mi LA 514 o LA 512, es más hasta suena muy mal decir "Má siii, yo me tomo LA 60". Tampoco son micros, ya que esos solo son los de larga distancia. 
El patio es una parte embaldosada, la parte con tierra es jardín o parque. O sea que mi mamá en el Ba. Noroeste bahiense posee patio y parque a juzgar por la clasificación porteña. Acarrear a un montón de pibes del colegio a la casa o visceversa es "hacer pool". Las piezas se dicen cuartos o dormitorios,  y nada de dormir siesta con pijama y ni resistirse a usar paraguas (parece ser costumbre arraigada en el interior del pais). 

En fin... la lista podrá ser ampliada con el tiempo pero esto de tener aunque sea el dedo gordo del pie aún en mi ciudad de origen, me permite seguir siendo quien soy.

Casitas Musicales

¿Alguna vez probaste de llevarte un ladrillo usado al oído?

Yo lo hice. Al principio, no pasa nada pero después de unos breves minutos se oye algo parecido a una radio. Hay  que saber donde pararse porque se debe orientar el ladrillo, de manera que la frecuencia sea bien tomada. Una vez que esto se logra, se pueden identificar los estilos musicales, la mayoría de las veces se oyen chacareras, chamamés o cumbias, incluso mechados con algunos grititos de sapucai.

Esto me lo enseñó Asencio, veterano albañil que tiene una relación casi mágica con los ladrillos. Cuenta que, a fuerza de construir paredes acompañado de la radio, ocurre esta absorción sonora.

Hay albañiles que no usan radios, trabajan en un obsesivo silencio pero, según Asencio, esas paredes se tornan tristes y forman después casas lúgubres, sin ritmo, sin música...
La mano de obra de Asencio es un poco más cara pero… ¿qué no pagaría uno por vivir en una casita musical?

Andrea - 1994 

lunes, 15 de febrero de 2010

Origen del Blog

Una vez me prometí un futuro de bohemia. Para ello viviría en un árbol y me alimentaría de lo que me proveyera la naturaleza, mientras me dedicaría a observar y a escribir. Parte de ello no pudo ser, parte sí. Desde mi árbol virtual voy a mirar y a mostrar. Finalmente, seré bohemia