jueves, 23 de septiembre de 2010

Un borracho, dos chicas y una puta

Este traqueteo me está volviendo loco. Mi cabeza va de acá para allá. No sé si es por el movimiento del colectivo o son los guantazos que me tira el vino que tomé antes en un bar del centro. Uno, dos, tres vasos. Hasta ahí llegó mi cuenta y después no supe más. Estoy volviendo a la pensión, ni me acuerdo como llegué hasta la parada.

Es siempre lo mismo, un vaso comienza a cubrir el tiempo que llevo sin trabajar, desde que el Manco tuvo que cerrar el taller. El siguiente nubla la partida de Graciela y la Nena, ya cansadas. El tercer vaso va solo porque estoy triste.

Ya queda poca gente en el colectivo y entre los asientos descubro a dos chicas, si hasta se parecen a la Nena. Al pricipio las oí reír pero ahora no, parecen preocupadas y miran con desconfianza, como desconociendo todo.

A medida que nos acercamos a la parada final, vamos quedando menos y terminamos solos el chofer, las chicas y yo. ¿Una de ellas era la Nena? No sé, no veo bien. Es que se me nubla la vista.

La que me parece la Nena está asustada y mira a su amiga deconcertada. Cuando el colectivo recala en su final, me doy cuenta que las chicas están perdidas. Les digo que ahi termina el viaje. Me miran con miedo y, dudando, le preguntan al colectivero. Claro, les da más seguridad alguien sobrio, limpio y afeitado. Lo que pasa es que la Nena no me reconoce.

Me bajo como puedo y les explico donde estamos pero no sé si mis palabras se entienden. No importa, el colectivero resultó macanudo, ni siquiera se rió cuando me tropecé con la punta del adoquín sobresalido.

Ahí veo a Caty que me está mirando y todo vuelve a empezar.


***

Menos mal que el frío se va alejando, el invierno hace más duro mi andar y ya ni me acuerdo cuando ni cómo comencé mi camino. Los pasos sobre la calle hacen que se vayan distorsionando los recuerdos. Hoy todo está tranquilo, tengo ganas de ir y tirarme en la cama a escuchar la radio y cerrar los ojos y hacer como que no soy yo. Pero no puedo.

A lo lejos veo el bamboleo del colectivo, llega generalmente vacío o a veces trae a Luis. Pobre, me recuerda a mi viejo, boxeador fracasado y borracho triste que solo volvía a casa para tumbarse en la cama a dormir y llorar. Luis es un buen tipo que está perdiendo por knout out aunque yo no esté mejor parada en el ring.

¡Que raro! Llega el colectivo y se bajan dos chicas y Luis. Veo que Luis les explica algo y dibuja en el aire rutas fantasmales. Deben estar perdidas las chicas, seguro que piensa que una de ellas es la Nena. Siempre cree ver a la Nena. Veo que suben al colectivo que está a punto de partir. La Nena finalmente va a volver a su casa.

¡Ay! Se tropezó y a mi me dan ganas de ir corriendo a sostenerlo y abrazarlo pero tengo que seguir esperando. Lo veo venir a paso confuso y ya no me siento con ganas de estar acá parada, ¡total! no hay muchos clientes. 

Camino apurada hasta quedar al lado de Luis, dudando me pasa el brazo sobre mis hombros  y apoyo mi cabeza en él. Y así, arrastrando los pies nos vamos para la pensión, a soñar que somos otros, a soñar que la vida no nos pudo.
 Andrea M. Leiva

martes, 14 de septiembre de 2010

Mirá para arriba. Mirá para abajo

Uno, dos, tres, cuatro. Uno, dos, tres, cuatro... Subo los escalones, bajo los escalones. Arriba: la paz, el sosiego. Abajo: el caos y la incertidumbre. No hay una estación en el medio que me indique que hacer ni como encontrar el eje. Subir, bajar, flotar, mientras busco los rayos y las nubes, mientras atravieso el aguanieve y los vientos. No estoy sola pero cada cual a su ritmo y no importa. A veces me alcanzan, otras me sobrepasan pero siempre correteamos en esos cuatro escalones.
Bueno, no siempre son cuatro. Hay días, por ejemplo,  que son ocho para abajo y doce para arriba y eso me sorprende. Y es ahi cuando me alegra no haber perdido mi capacidad de sorpresa ni mis ojos infantiles.
Uno, dos, tres, cuatro. Uno, dos, tres, cuatro... Fin

jueves, 8 de julio de 2010

Horizontalidad

La vida te lleva a andar recorriendola de a pie pero un día algo te invita sin consultarte a recorrerla desde la horizontalidad. Claro que perdés la posibilidad autónoma de traslado y hasta, por momentos, te abruma la quietud. Pero vamos por el principio y es alli donde te asombrás de estar asi, acostada en plena calle, rodeada de buenos desconocidos. Te desprendes por un rato de la agitación que te rodea y te preguntas si llegarás a tiempo al concierto de jazz esa noche o si mejor te quedas recostada, manteniendo la horizontalidad, descansando y leyendo alguno de esos dos buenos libros de Mankell nuevitos que te esperan.
Dudás de que ninguna de esas dos cosas vayan ocurrir cuando ves que la sirena y las luces vienen a buscarte, dejas que los demás sigan decidiendo por vos y mirás hacia el cielo y descubrís una oportunidad que pocas veces se te brinda, las estrellas te miran por entre las hojas doradas del mismo tilo que todos los días saluda desde tu balcón.
Seguis en tu horizontalidad y te tienen que bajar las luces del techo del  transporte para no enceguecerte. Llegás adonde tendrás una quietud "in extremis" durante cuatro horas, pasan rostros dulces y amables pero luego desde tu posición te encontras con una nueva  y casi insignificante compañía: pendiente de su sutil trama, una arañita. La observas trabajar, mientras otros lo hacen contigo y te distraés. Se suceden las bromas para pasar el rato de inmovilidad, a la espera de un nuevo traslado, hasta que finalmente llega. Nuevas luces.
En un provisorio lugar de estadía, tu horizontalidad te deja exactamente debajo de un techo extraño, con algo de celestial que da ciertos escalofríos. Preferís la calidez de la laboriosa arañita.
Un antiguo y lujoso ascensor que te lleva a un espacio más privado, deja ver pequeña araña de bronce y caireles pendiendo de un tapizado en tercipelo rojo, vaya detalle.
Finalmente lográs autorización para volver a tu postura erguida y en un breve espacio de 4 x 4 metros te sentis libre como en una verde pradera, eso si olvidas que ya es la medianoche y que tendrás que volver a la posición de unos minutos atrás, pero ahora sabiendo que sos vos quien decide hacia donde y como vas a seguir recorriendo la vida.

martes, 15 de junio de 2010

Llueve sobre el túnel

Afuera llueve y corriendo por las vías, horadando el aire, la máquina descorre inocentes velos. A la derecha, mis ojos se topan con un desvío, donde hay un túnel iluminado con una luz teatral. Dos vías que no llevan a ningún sitio y entremedio de los rieles hay un hombre sentado en lo que parece una endeble silla. Frente a él, pero alejado, un tablero al que el hombre mira sin ver.
Son segundos que me alcanzan para darme cuenta de qué se trata esa escena. No es un hombre cualquiera, es El Hombre de la Silla y la Lluvia. Ya sabía de él pero nunca lo había visto. Claro, hay que estar muy atento para verlo en tan pocos segundos.
El Hombre de la Silla y la  Lluvia respira y trabaja incesamente en un túnel subterraneo, alli tiene el tablero donde maneja las precipitaciones a su gusto. Él decide cuando llueve y cuando no en la ciudad, la intensidad y la duración, volúmen de las gotas o si todo se transforma en granizo. También puede elegir si las gotas en los charcos hacen globitos o no, incluso muchas veces se divierte inundando la ciudad.
Claro, para él todo es sencillo ya que siempre llueve sobre el túnel y nunca se moja. Desconoce la existencia de los paraguas, pilotos, pilotines o garlochas, ni conoce las bondades de un alero o del refugio en las paradas de colectivo.
Pero su vida es muy triste. Nunca estuvo parado detrás de una ventana viendo llover, nunca tuvo 7 años y pisó los charcos con sus amigos, nunca compartió un paraguas con un amor, nunca una lluvia de verano lo empapó de pies a cabeza y lo hizo sentir un hombre vivo y, finalmente, nunca escuchó el ruido de la lluvia sobre las hojas secas ni vio el cielo abrirse en dos por un bello relámpago.
El Hombre de la Silla y la Lluvia tendrá el poder de decisión sobre la lluvia pero yo tengo el enorme placer de enfrentarla y disfrutarla.

Mi agradecimiento a Pilar que me inspiró con el título, producto de su creación

miércoles, 19 de mayo de 2010

La levedad

No corras, no creas en tu intensidad. Solo estás viviendo levemente, como flotando, como apenas acariciando el suelo. No temas pensar, no caerás de golpe contra el piso. Sé que te aterra quedarte a solas con tus ideas y por eso levitas la vida.
Cuando puedas detener esa fábrica de actos mecánicos, descubrirás que planeando aterrizas con los pies y que ahora serán tus miedos quienes flotaran. Apenas rozarán tu piel solo para hacerte sentir viva pero ellos seguirán su camino de agua.
Ya de pie, deja volar también tus pájaros, que ellos se harán cargo de llevar la buena nueva a quienes quieran oírla.

domingo, 2 de mayo de 2010

Siguiendo tus pasos

Voy caminando, siguiendo tus pasos. No me gusta que te alejes asi, sin darme tiempo a preparame. Es muy temprano en la mañana y las calles todavía duermen, pero ni vos ni yo estamos descansando. Voy detrás tuyo, buscando una salida, que ya está cerca.
Las veredas están mojadas y en ellas voy dejando mis huellas, las tuyas no están. No importa, sé como seguirte y hacia donde voy. Los porteros y los vigilantes miran mi paso seguro y se preguntan, seguramente, detrás de qué voy. No importa lo que piensen, si yo sé que voy detrás tuyo.
Finalmente nos encontramos mientras la oscuridad se va disolviendo. Pronto comenzamos a preparar el equipaje, la salida ya está cerca y voy a dejar de perseguirte. No será necesario, seguiremos caminando a la par, como siempre.

viernes, 23 de abril de 2010

Cuando no estuviste

Un sillón blanco que acompaña la soledad y un televisor que parlotea sin decir nada. Los pasos que se dejan oir nunca entran y la puerta entreabierta no deja ver más que un pasillo y jamás se abre del todo para dejar pasar a quien uno espera. Solo te rodea la culpa de no haber estado antes alli, solo unos minutos antes.
Si la ciudad no te hubiera intentado fagocitar con su hambre de escándalo,  si hubieras podido desplegar tu alas sobre las calles de furia, ahora no te sentirías asi. Ya la noche te habia resultado difícil, estando donde el deber mandaba pero donde aún asi te sentías ausente. ¿Por qué los dioses repartían tan mal sus cartas?
El tiempo pasa y te acorrala con temores. ¿Ya no debería estar regresando? Una sombra del pasado se asoma por la puerta y ya no estás tan sola pero aún asi los miedos no razonados te rondan. Hasta que al fin ves que ya vuelve, con su pulgar en alto y sonriente pese a todo. Tus miedos hacen ¡plop! en el aire,  se ve que los dioses  barajaron de vuelta y el juego otra vez comienza, esta vez con el as de espada en su mano y con una flor en tu ojal.

viernes, 16 de abril de 2010

Escala de grises

Abrumada por la lluvia, vuelvo a casa. Son las 8 de la mañana, el colectivo no hace el recorrido de siempre y comenzamos a transitar la Costanera Norte. La bruma gris todo lo envuelve, el río es de un gris metálico.
Se hace difícil ver la línea de horizonte, el cielo tiene apenas un tono más oscuro y en el aire los gotas de agua parecen que están suspendidas, que no van a terminar de caer nunca. Los farolitos entregan retazos amarillos  que rasgan la cortina, mientras Cerati canta "Tanto pediste retener / ese momento de placer" y descubro que eso es lo que yo quiero. Quiero retener este instante y eso es lo que estoy haciendo, sin cámara a mano, estoy fotografiando con palabras mi momento de placer.

lunes, 12 de abril de 2010

Sincretismo digital

¿Alguien alguna vez se preguntó adonde van los archivos que se borran de una PC? ¿Quedan dando vueltas dentro del CPU en forma de vaya a saber que partículas? No lo creo, pero:  ¿hay vida más allá del disco rígido?

Sí sabemos que hay otros mundos, como el pen drive, stick memory, CD, DVD y tantos otros que iremos descubriendo con el tiempo.  Lo bueno es saber que en ellos las condiciones para que nuestros archivos vivan son tan ideales como las del disco rígido.

Pero volviendo al principio, quiero decirles que se supo de gente que pudo reecontrarse con viejos archivos borrados a través del Juego del Mouse, pero esa práctica, que se llama "archivismo",  a mi me da miedo. Prefiero despedirme de ellos para siempre, sabiendo que en su existencia sus buenos servicios me habrán prestado y que ahora es tiempo de soltarles la mano, para que al fin puedan descansar sus bytes en paz.

viernes, 9 de abril de 2010

No estamos solos

La soledad es un estado no muy bien visto por la humanidad. Grandes melancolías se le achacan, vidas opacas la arrastran resignadas. Ya sabemos que el hombre es gregario por naturaleza y de los otros se nutre de compañía, de solidaridad, de otras miradas.
Es por ello que cuesta comprender por qué en los últimos tiempos nos manejamos por la urbe como si estuvieramos solos, completamente solos en la tierra.
Caminamos apuradisimos, sin cederle el paso a nadie porque en realidad no los estamos viendo. Cuando vamos a entrar a algún edificio, ignoramos al que está saliendo. En un servicio público no vemos a las mujeres embarazadas, a los discapacitados, a los ancianos y a padres con bebés aupados, ya que parecen no estar ahi . Y hasta los antiguamente llamados caballeros entran en una loca carrera por alcanzar un asiento. Hablamos con voz altisonante por nuestro teléfonos móviles y algunos automovilistas pasean por las calles a cualquier hora escuchando música con sonidos saturados, invadiendo los oídos de los demás, con una mezcla paradójica de exhibicionismo y de negación de la presencia del otro. Vecinos de edificios de departamentos que sienten que en esos 12 pisos vive ellos solos. Dirigentes elegidos por los ciudadanos que solo oyen su llamado interior al poder. Conversaciones que parecen ser "una lucha por ver quién interrumpe a quién", como bien dijo el periodista italiano Leo Longanesi.
No nos escuchamos más. Hasta pareceríamos disfrutar de estar solos. Pero eso sería terrible.
Lo mostraron metafóricamente en un capítulo de la vieja serie "Dimensión Desconocida" y lo relató Ray Bradbury en "Crónicas Marcianas".  Esos mundos solo quedarían en la imaginación del  guionista y del viejo escritor si solo ampliáramos un poco más nuestro radio de visión y audición.
Perdón, pero debo dejar la escritura porque otra vez está sonando el teléfono, interrumpiendo malsanamente mi tranquila soledad hogareña.

martes, 30 de marzo de 2010

El equilibrio justo

Mucho se habla de la falta de compromiso de la gente, de lo difíciles que son la relaciones humanas hoy en día. Hecho que se repite también en sectores del poder, con lo cual más complejo se hace encontrarle una solución a esto.



Pero también creo que desde hace un tiempo nos topamos con otro problema que es el que nos lleva a esta conflictividad en nuestras relaciones, tanto afectivas, profesionales como políticas. El problema, a mi entender, tiene dos caras que se enfrentan: la ausencia de culpa y la victimización. Ambas actitudes llevan a la parálisis de la evolución como ser humano.

Como sociedad tanto esfuerzo nos ha tomado "quitarnos las culpas" que en algún momento pasamos a tener fácilmente la otra cara, la de la víctima. Si yo soy la víctima, la culpa la tiene otro, por lo tanto ¿qué puedo hacer para mejorar o zanjar una diferencia? Nada, "queda la pelota" del otro lado de la cancha. El problema se agrava  si "el otro" también se posicionó en víctima, ya que quedaría la solución de mi lado. O sea, estaríamos aquí ante una cuestión insoluble.

Cuando nos posicionamos en este lugar reiteradamente, perdemos la oportunidad de crecer, de avanzar , ya que así nos estaríamos privando de corregir los errores que pudiéramos haber cometido para no reiterarlos en un futuro.

Entiendo que esto se hace algo engorroso de modificar cuando nos encontramos con que quienes nos gobiernan son víctimas de una oposición "desestabilizadora" y cuya soberbia les impide ver sus propias culpas. Y también tenemos una oposición política víctima de la supuesta tiranía del gobierno pero no culpable de sus propios desatinos y desencuentros.

Tendremos entonces que buscar como individuos y como Nación un equilibrio. Ni culposos ni víctimas, sino responsables.

martes, 23 de marzo de 2010

El País del Nunca Jamás

El país del Nunca Jamás nunca jamás fue violento ni peligroso. Nunca jamás un gobierno terminó inconcluso ni unos militares tomaron el poder con el saludo de muchos civiles. Nunca jamás hubo torturas ni dolor, ni chicos que perdieran su identidad. Nunca jamás la palabra, la poesía ni el pensamiento diferente fueron prohibidos. Nunca jamás hubo miles de personas que hayan sido como volatilizadas en el aire sin una justicia que los amparase. Nunca jamás hubo traidores que entregaran a jovenes a las puertas del infierno, mientras ellos seguían subidos a una necia soberbia.  Nunca jamás un estado que debía proteger a su pueblo se convirtió en un brutal y cobarde asesino.
Pero todo esto ocurrió en el País del Nunca Jamás. Hagamos para nosotros el País del Nunca Más.

jueves, 18 de marzo de 2010

No voy en tren. Tampoco en avión. Voy en subte.

 retomado el uso diario del servicio de subterráneos y me he encontrado que las cosas no han variado mucho a través de los años, exceptuando la cantidad de usuarios. Antes era mucha, ahora es demasiada.
Pero ese no es el punto por el que escribo ahora sino que voy a escribir sobre la otra gente. No voy a escribir de las personas que van de un punto X  a un punto Y, gente como uno, bah, sino de la gente que se instalan en un línea durante el día y van correteando de formación en formación y de vagón en vagón. Esta gente también es demasiada.

Una sube en una estación, a veces arrastrada por una marea humana y asi entra al vagón, a los tumbos y de pronto se encuentra con una palma de mano chiquita que quiere ser estrechada por la mia. Así, sin entender bien de que viene la cosa le doy la mano a una criatura que apenas levanta dos palmos del piso y que con la mirada vacía deja adosada a mi mano una tarjeta por demás ajada con un papelito donde se supone describe sus necesidades. Luego con desgano recoge alguna limosna y las tarjetitas, que siempre le son devueltas.

Mientras me quedo observándola, me ataca por detrás un jovencito, no mucho más alto que la niña anterior pero en este caso no tiene tarjetas. Tiene pelotas de colores. ¡Oh, no! ¡Un niño malabarista! Voy a confesar que les tengo miedo. Sí, llamenme del modo que quieran, pero les tengo miedo. Yo vi en una ocasión como una de las pelotitas impactó en la cara de una chica. Y le dolió, vaya que si le dolió. Ahh, con alivio veo que pasa de largo y va al vagón siguiente.

Pero no nos ibamos a quedar solos los pasajeros así como así. De otro vagón se siente acercar  una especie de mantra o por lo menos a mi me suena asi. Claro, no les dije que voy escuchando música con mi reproductor, asi que todo por detrás es un murmullo. Es un señor no vidente que, si bien hace años que hace esto y tiene experiencia en  ir caminando por la formación mientras está en movimiento, a veces tenemos que entre todos ir manteniendolo en el centro del pasillo porque debido a los bamboleos varios parece un muñeco de metegol que va de lado a lado.

El subte avanza y avanza y yo me dejo llevar por unos acordes que emergen de mis auriculares, en la radio pusieron ese tema, el que estaba esperando escuchar cuando de repente un sonido de lata interfiere en mi audición. Tomo el reproductor y como frénetica lo saco de la mochila, lo muevo de aqui para allá, tratando de orientar la antena pero la lata sigue de fondo. Me digo: "¡El celular! Me debe estar sonando el celular" Entonces, no ya  como una frenética sino como una loca sin remedio, levanto la mochila y la escucho. Sí, si ustedes me ven por ahi escuchando mochilas, carteras o tapados, no se asusten, es el primer paso que hago para detectar si está sonando mi celular. Continúo con mi problema de lata, el asunto es que no es mi celular. Finalmente levanto la vista y noto que ya estoy acercandome a mi punto Y (o sea estoy llegando a destino) y ahi resuelvo el misterio. El productor sonoro es otro señor no vidente con una guitarra criolla y un miniamplificador que está embistiendo un tema de José Luis Perales a un volúmen considerablemente alto. Tema y señor que me acompañaron ya demasiadas veces esta semana, como  ¡tres veces!!!!

Bajo del vagón, me saco los auriculares, apago el reproductor y me pongo a pensar que este viaje puede pasar a formar parte de la galería de escritos de mi blog. Después de todo sería como escribir sobre una neo y subterránea corte de los milagros.

martes, 16 de marzo de 2010

El Método

Jean-Luc tenía un método curioso a la hora de dormirse.  Una vez que apoyaba la cabeza en la almohada, en su cabeza comenzaban a circular imágenes del sueño de la noche anterior, hasta quedarse profundamente dormido.
Una vez que entraba en la profundidad de la noche y de su descanso comenzaba a soñar.

Siempre su sueño era una continuación del anterior. Su vida onírica era una historia sin fin que corría en paralelo con su vida real. Hasta que un día le ocurrió lo que muchas veces a tantos: no pudo recordar su sueño. Por más que se esforzó y buscó en su melindrosa memoria, el sueño anterior no apareció. Estaba demasiado aferrado a su técnica, demasiado. Finalmente se durmió, cansado de tanto hurgar en sus recuerdos de la noche anterior.

Lo encontraron aquella mañana con una sonrisa estampada en su rostro macilento, después de haber disfrutado de su último sueño que ya no tendría necesidad de recordar.

lunes, 8 de marzo de 2010

El momento

Eran las 6 de la tarde y llegué temprano. O llegué a tiempo para sentarme en un cantero. Por techo, una rama de jacarandá florecido. Me rodeaba una brisa fresca y perfumada. Tardé en descubrir que el aroma que tan plácida me hacía sentir era el del pasto recién cortado. Estaba aislada del bullicio callejero auriculares mediante y acompañada de música ligera.
La boca del subte no cesaba de entregar pasajeros a la calle y, desde la fuente, los bailarines en su eterna danza estaban ausentes, solo oyendo los aplausos de un público que siempre estará. A unos metros el aguaribay se hamacaba, siguiendo el compás de mi música.
No, no llegué temprano. Llegué justo a tiempo para capturar ese momento, no era el de antes ni sería el siguiente. Era el momento.

jueves, 4 de marzo de 2010

Bienvenido, Bicentenario

"Bienvenidos, ingresantes del Bicentenario", dijo la Rectora, mientras Bartolomé Mitre, Carlos Pellegrini, Vicente Fidel López y otros mudos testigos miraban desde las paredes. Y ellos, los padres, se emocionaron. Su propia adolescencia reaparecía pero con la mirada de adultos puesta en su hija. 

Nueva esperanza de otra Argentina nacía. Esta Argentina viene con la "yapa" de una Democracia que no tuvieron ellos en aquella etapa de su vida. Sonó hasta raro cuando escucharon hablar de Patria, del Saber y de otros tantos valores que parecen discurrirse a veces por terrenos no fértiles pero la esperanza seguía ahí, latente.

Cuando el Himno comenzó a arrullarlos, ella miró por una ventana y vió a la Bandera Nacional del colegio moverse según los compases, vió a un jacarandá florecido que parecía estar hablándole mientras enmarcaba al Palacio de Justicia de la Nación y entrevió, con una escondida sonrisa, que un futuro luminoso podía comenzar hoy a trazarse desde unos cuantos pupitres nacionales.

viernes, 26 de febrero de 2010

Paren el subte. Yo me quiero subir

Hoy mantuve una pelea desigual aunque al principio lo tomé como una lucha de titanes para terminar luego sintiéndome Pulgarcita frente a King Kong.
Algunos ya conocerán que la Subtecard es una tarjeta a la cual se le carga un monto determinado de dinero y luego es usada en los molinetes para acceder a los viajes en subte. Cuando se agota la carga, esta se renueva automáticamente a través de la tarjeta de crédito. Hace un tiempo que gracias a este adminículo, desaparecieron para mi las colas en las boleterías, especialmente en las horas pico. 

En unos días mi hija comenzará lentamente a volar sola por la ciudad y para ello necesitará su propia subtecard. Esta mañana pasé por la boletería de la estación Palermo preguntando donde la podía conseguirl y atentamente me explicaron que ellos no lo hacían pero que pasara por alguna oficina. Agradecí y bajé para realizar el viaje preguntándome donde se encontrarían las oficinas de Metrovías. Inocentemente dejé pasar una estación más a la que yo debía descender para bajarme finalmente en Callao, donde un "nosequé" interno me decia "alli están las oficinas, alli están las oficinas..." pero no, me vi en la lamentable obligación de interrumpir una conversación entre dos empleados que poco gustosamente me dijeron que "pregunte en una boletería". ¡Qué paradoja! Yo estaba preguntando en una boletería, siendo ellos los boleteros..... Crucé el andén y pregunté en la boletería enfrentada a la anterior, donde un colega de los anteriores pero con predisposición a atender al cliente sí pudo explicarme que fuera a Tribunales.

Me colgué la mochilita y hacia aquella estación me dirigí. Otra vez tuve que hacerle suspender una charla a dos empleados y uno alcanzó a señalarme con desidia la oficina. "¡Ahhhhh! ¡Al fin!", me dije. Pero no, aquí comenzaba otra historia. 

Me recibieron dos personas muy atentas y un caballero me invitó a sentarme. Esto ya se estaba poniendo hasta lujoso, diría. Comenzaba acá una lucha de poderes. Me solicitó para iniciar el trámite DNI y $25 aunque yo vi a través de sus ojos esto: "¡Ja! Minga que vas a tener el DNI con vos y apenas si rascarás $15 de tu roñosa billetera" Yo triunfante contesté "Ok, comencemos. Y quiero que me debiten la renovación automáticamente de la tarjeta de crédito (Tomá pá vos)"
Vi su sonrisa sardónica y nuevamente un brillo extraño en sus ojos: "Ahh, en ese caso necesito su DNI, $50 y un .... servicio donde figure su domicilio." ¡Zas! Me volvió a agarrar, no es natural que uno ande portando servicios en su mochila. En la mia hay anteojos, pañuelos, llaves, celular, agenda, tickets sueltos, reproductor de mp3, cuaderno, pasajes de colectivos añejos y hasta un destornillador pero boletas de servicios no, esos sí que no abundan.
 
Pero tenía un as en la manga: mi propia subtecard que fue extraída de manera triunfante de mi bolsillo trasero y revoleada asquerosamente delante de los ojos de mi contrincante. "Bueno, - respondió el derrotado- con esto no hace falta la factura de servicios ya que entonces el domicilio está cargado en la base de datos." Mientras él, deprimido, iba cargando los datos de mi tarjetita en la PC, mis ojos tenían instalados el color de la victoria. De pronto, ocurrió lo peor................ El hombre recobró el extraño brillo en sus ojos y con una sonrisa hiriente me dijo: "Esta tarjeta no está a su nombre." 
No quizo entender razones de que el señor que figuraba como titular era mi marido y muy legítimo, que vivimos en la misma casa y que hasta compartimos el cuarto. No, el hombre siguió emperrado en que le demuestre que vivo donde yo digo que vivo y le importó un comino si estaba casada o en moderna unión civil con el titular de la tarjeta.  Como no había quedado ningun miserable Metrogas o Edenor dando vueltas por algun bolsillo, solo atiné a empuñar mi destornillador y aplicarselo amenazadoramente a la yugular mientras le susurraba  "¿Por qué me es tan difícil subirme a este tren?"

jueves, 25 de febrero de 2010

Sorpresas al mediodía

El calor en Buenos Aires, no hace falta decirlo, es insoportable. Más teniendo en cuenta si el mediodía lo encuentra desprevenidamente en Florida y Corrientes. Si uno está de paseo, todo se hace más soportable pero si en realidad lo que va a hacer es simplemente almorzar en su única hora de descanso, la cosa se pone un tanto más densa. 

Imaginemos que usted baja los cinco pisos que lo separan entre la paz y el aire acondicionado de su oficina del  el asfalto y los treintra y tres grados centígrados de la urbe. Ni bien sale de la recepción del edificio se encuentra que casi no puede pasar por la vereda. ¿Por qué?. Parece ser que en la peatonal hay espectáculo gratis y todos sabemos cómo somos los argentinos, cantidades de potenciales espectadores se van deteniendo a ver que pasa, entre ellos usted. Un buen señor se ha tomado el trabajo de escribir cartelones insultantes hacia ... su hermano Jacobo. Su propio hermano lo ha estafado y el ve cómo única salida la de publicitar gratuitamente el dolo filial. Quizás no le tenga confianza a la justicia o quizás espera una respuesta social al asunto y con eso dé por terminado el problema.

Usted se aburre y se dirige hacia la esquina. Allí un hombre vocea una propuesta original. ¿Cuál? Juntar firmas y poder así remover a un funcionario del gobierno, nada más que al máximo funcionario. Pero no quiere echarlo así nomás, no. Piensa ofrecerle un buen retiro voluntario y sino, ¿negociará?. Sobre Constitución y Democracia el hombre no está muy informado. Claro, usted se pregunta a que hombre me refiero. Elija.

Digamos que ya eligió y cruza esa ochava. Se encuentra con otra multitud detenida pero esta vez rodean a algo grande. Sí, lo que usted ve. Una limousina que, mediante carteles pegados, se ofrece a sí misma como una "ganga" de u$s 10.000. No alcanza a leer donde hay que tratar pues entre sus planes está arreglar esa vieja y bien nacional Estanciera del '62. Ya se la imagina con esas cubiertas especiales, faros potentes y ese rugiente motor trotando en la playa, todo esto en buena compañía y con un atardecer arrollador. Después de todo, ¿no siente que la temperatura comienza a descender hasta grados más soportables? Y hasta quizás con un poco de voluntad yo me convierta en esa buena compañía.  

Susurros en una noche de verano

Siempre se dijo que los viajes y los reencuentros alteran la rutina de cualquiera, incluyéndome a mí. Sabía que la luz estaba molestando a mi compañero de ruta, a quien también un viaje lo tenía mal, fue entonces que decidí levantarme a tomar un té y a continuar con mis crucigramas  en el comedor.  

Mientras desplegaba estas dos actividades, más la de mirar televisión sentía conversar muy animadamente a las vecinas del conventillo lindante. Estaban haciendo uso de la estupenda noche con que eran obsequiadas.  En un instante, algo me sacó de mi abstracción, también acalló a mis vecinas. Era algo indefinido entre gritos de mujer, ladridos y voces varoniles y violentas.

Enmudecí mi infatigable televisor y me acerqué al ventiluz de la cocina. De pronto mi memoria se sacudió, lo que estaba oyendo alguien ya me lo había contado. Los gritos de mujer tenían un timbre diferente, los ladridos claramente pertenecían a un perro y el tono violento sí pertenecía a un hombre, más exactamente un policía.  

Las crónicas cuentan que en mi cuadra suele pasearse una travesti a la espera de algún trasnochado cliente con la única compañía de un perrito que sufre los golpes azules tanto como su dueña. La lucha siempre es constante, un policía de civil la quiere llevar detenida, grita, el perro se asusta y aúlla, el hombre se molesta y patea al perro que comienza a ladrar, mientras la travesti comienza a tratarlo de delincuente y corrupto (al policía, no al perro) y es allí cuando intenta tomar poder el vecindario. Salen de cuanta ventana y hueco se pueda para frenar la detención y para colaborar en la producción de insultos. 

Hoy no creo que se consiga mucho, la noche la deberá tener que pasar en la comisaría, el perro dormirá en cualquier lugarcito de la cuadra y el uniformado sonreirá satisfecho por la labor cumplida. Dura labor. 

miércoles, 24 de febrero de 2010

El Dragoncito

Para Pili - 2001  
 

Yo soy un dragón. Un dragón chiquitito y no me gusta mucho ser lo que soy. ¿Qué es eso de andar echando fuego por la boca y asustando a la gente? En la antigüedad todos los dragones se reían de mí, por verme tan pequeño y porque no me gustaban los tesoros. Ellos se aprovechaban de su enorme tamaño, de sus escalofriantes gritos y del poder para  lanzar fuego por sus bocotas para apoderarse de cuanto tesoro pudieran, sin importarles nada.

En cambio, yo siempre amé vagar por los bosques y aspirar ese perfume único. Sobrevolar las colinas y sentirme libre, espiar a los niños y a reírme con ellos, aunque nunca me vieran, se habrían asustado mucho…. O no, quizás también se hubieran burlado de mí.

Los otros dragones fueron desapareciendo pero yo no los extrañé. Mientras tanto yo estaba molesto con solo una cosa: mi fuego. Cada vez que abría la boca para gritar, se incendiaba un bosque y eso me entristecía mucho.

Y así anduve por el mundo y por los tiempos, paseando y escondiéndome de todo y de todos.

En los último años me acerqué a una ciudad y me sentí muy perdido, tanto ruido, tanta gente. Asustado un día, me metí en lo que ustedes llaman cañería, rápidamente una corriente de agua me bañó. Primero me sorprendí, pero la segunda vez esperé el chorro de agua con la boca abierta y…. ¿Saben qué? ¡Mi fuego se apagó! Por un buen rato pude lanzar mi brutal gritito sin que nada pasara. Así empecé a quedarme más tiempo. Hasta que un día descubrí algo mejor, sin darme cuenta fue acercando a una bañera. Hasta el día de hoy no me he alejado de allí, sobre todo porque allí suele bañarse una niñita.

¡Cuánto me gusta escucharla jugar en el agua! Canta y yo sonrío mientras juega con sus muñecos, hasta ya conozco de memoria el nombre de todos sus amigos. Después espero que ella misma destape la bañera y me quedo con la boca preparada para apagar mi fuego. Me alegro tanto que le agradezco con mi gritito. Al principio ella se asustaba un poco pero creo que ahora ya le gusta escucharme, nunca me vio pero sospecha que yo estoy ahí.

No les aseguro que yo sea el único dragoncito que está en el desagote de una bañera. Presten atención y, si cada vez que el agua se escapa escuchan un ruidito extraño, acerquen uno de sus ojos allí, quizás puedan verlo. Porque estoy seguro que algún otro dragoncito perdido en el tiempo está apagando su fuego mientras les hace compañía en la hora del baño.


El Robatiempo

Este sujeto es una persona común, sólo que siempre está al acecho de que otros congéneres estén ocupados, entonces salta sobre ellos y les interrumpe la tarea. Claro, él se acerca con un propósito determinado, pero con el paso de los minutos este se desvirtúa. Las víctimas suelen olvidar el motivo de la visita.

Uno siente que estos seres se adhieren como unas sanguijuelas que nos quitan el tiempo, nuestro precioso tiempo. Nos impiden cualquier acción sin ninguna causa útil.


Considera necesario hacer  preguntas y en la mitad de las respectivas respuestas pierde absoluto interés en el tema.


Hay otra clase de robatiempos. Son los que cuentan historias y hechos poco importantes, con la única intención  demostrarnos su sapiencia, de cómo se deben hacer las cosas. Cuando su contrincante intenta vislumbrar una idea, lo hacen callar insinuándole que eso ya lo sabían. También suelen relatar peripecias de sus niños o sus perros de manera grandilocuente y detallada como si ellos tuvieran niños o perros con actitudes únicas en el mundo.
Otra forma de escamotear el tiempo es cuando proponen un proyecto en conjunto y uno, ilusamente, queda a la espera de la concreción, cuando ellos ya están en otra cosa. 


Van hurtando minutos, creyéndose ellos los dueños del tiempo ajeno y disponiéndolo como mejor les place.


Generalmente las personas normales están indefensas ante ellos y no se sabe cuando pueden atacar.


¡Ah! Algo muy importante. Observen que siempre andan con un maletín o bolsa, nunca se puede ver su contenido pero se ha comentado que en ellos guardan los días y las horas  robados al prójimo, después los acumulan en grandes arcones que poseen en sus casas. Esto les permite hacer uso de tiempos ajenos cuando quieran.


De ahí es que los robatiempos sean eternos.

Andrea - 1994

Bahía Blanca - Buenos Aires / Buenos Aires - Bahía Blanca

Hace 15 años que mi corazón se rindió absolutamente a los pies de la Reina del Plata pero aún me sigo adaptando a los cambios desde mi Bahía natal.

Empezando por el uso de los términos y sus diferentes aplicaciones. 

El Portero de edificio por decreto gremial aquí es el de ENCARGADO. La lejía no existe, solo es Lavandina. 
¿Las bolas de fraile? Olvídenlo, aquí son unas recatadas berlinesas y las carasucias tal como las pedíamos en la panadería El Crisol acá ascendieron a la categoría de Tortitas negras. 
Cintex o celoplint?...... mmmh, noooo!, es cinta scotch. Los colectivos dejaron de ser para mi LA 514 o LA 512, es más hasta suena muy mal decir "Má siii, yo me tomo LA 60". Tampoco son micros, ya que esos solo son los de larga distancia. 
El patio es una parte embaldosada, la parte con tierra es jardín o parque. O sea que mi mamá en el Ba. Noroeste bahiense posee patio y parque a juzgar por la clasificación porteña. Acarrear a un montón de pibes del colegio a la casa o visceversa es "hacer pool". Las piezas se dicen cuartos o dormitorios,  y nada de dormir siesta con pijama y ni resistirse a usar paraguas (parece ser costumbre arraigada en el interior del pais). 

En fin... la lista podrá ser ampliada con el tiempo pero esto de tener aunque sea el dedo gordo del pie aún en mi ciudad de origen, me permite seguir siendo quien soy.

Casitas Musicales

¿Alguna vez probaste de llevarte un ladrillo usado al oído?

Yo lo hice. Al principio, no pasa nada pero después de unos breves minutos se oye algo parecido a una radio. Hay  que saber donde pararse porque se debe orientar el ladrillo, de manera que la frecuencia sea bien tomada. Una vez que esto se logra, se pueden identificar los estilos musicales, la mayoría de las veces se oyen chacareras, chamamés o cumbias, incluso mechados con algunos grititos de sapucai.

Esto me lo enseñó Asencio, veterano albañil que tiene una relación casi mágica con los ladrillos. Cuenta que, a fuerza de construir paredes acompañado de la radio, ocurre esta absorción sonora.

Hay albañiles que no usan radios, trabajan en un obsesivo silencio pero, según Asencio, esas paredes se tornan tristes y forman después casas lúgubres, sin ritmo, sin música...
La mano de obra de Asencio es un poco más cara pero… ¿qué no pagaría uno por vivir en una casita musical?

Andrea - 1994 

lunes, 15 de febrero de 2010

Origen del Blog

Una vez me prometí un futuro de bohemia. Para ello viviría en un árbol y me alimentaría de lo que me proveyera la naturaleza, mientras me dedicaría a observar y a escribir. Parte de ello no pudo ser, parte sí. Desde mi árbol virtual voy a mirar y a mostrar. Finalmente, seré bohemia