viernes, 20 de enero de 2017

Somos tu memoria

¿Cómo cobijar los archivos de una vida larga cuando la mente se pone traviesa? Tu cabeza parece empeñada en querer borrar algunos de tus recuerdos: los buenos, los malos, los graciosos, los trágicos, los banales o los paradigmáticos, también los de hace un suspiro atrás.
Cuando querés rebuscar en tus caminos internos y te das cuenta que algo se te ha ido escapando, tu mirada se pone gris pero rápidamente corremos en tu ayuda.
Nosotros te acercamos las anécdotas más graciosas, aún a riesgo de exagerarlas y nos acompañás riéndote a la par. Los trágicos, solo los guardamos en nuestros recovecos y hacemos con ellos los que podemos, vos ya los atravesaste.
Nos envidias la memoria meticulosa y yo creo que la tenemos más agudizada, solo por guiarte. 
¿Pensás que huí de la ciudad sin despedirme y te olvidas que estoy a kilómetros del barrio? Ahí volvemos a repasar todo mi trayecto, con las peripecias de las primeras y torpes experiencias en la Gran Ciudad y se te va el enojo, tratándome como a esa nena despistada que fuisoy.
Pellizcás algo de tu juventud y yo completo los baches que te quedan, me encantaba escuchar tus historias en el pueblo y ahora ellas vienen a auxiliarme.
A tus padres apenas los vimos pero sí los conocimos por tus palabras amorosas. Y cuando de pronto descubris sus ausencias, solo nos queda abrazarte y esperar a que te suelte esa garra dolorosa, ese convulso interior. 
Tu casa no es tu casa porque tu casa es la otra, la que está allá.Y allá vas con tu hijo, el chofer del espacio-tiempo, atravesando las viejas y conocidas calles para volver a tu hogar.
A veces soy tu hermana, a veces me siento tu madre pero en realidad nunca dejaré de ser tu hija
Los dos, con los nuestros, conformamos tu fiel guardia pretoriana, la que custodia tu sonrisa y tus broncas, la que peleará a brazo partido para que sigas siendo la cabeza de tu imperio.
Y no te canses en búsquedas vanas por entre las sombras, porque nosotros también somos tu memoria.

Marzo 2016
Andrea María Leiva


viernes, 2 de diciembre de 2016

La raíz del problema

Para todo hay modas. Por ejemplo, el perro que en todo hogar había que tener en los ’70, era un pequinés. ¿Cuántos ven hoy en la calle? Ninguno. La fórmica era emblemática en los ’60, los pantalones nevados en los ‘80 y así todo. Algunas plantas también tenemos nuestros momentos de gloria. ¿Cuántas dalias ustedes ven en los jardines o en los balcones? Claro, eran de otros tiempos. Yo, por ejemplo, estuve en el pináculo de la fama a mediados de los ’80. ¿Quién no tenía un palo de agua en sus casas? Pero había que saber cuidarnos: que mucho sol, que no tanto, que nos rieguen pero no se pasen. Yo tuve suerte, muy buena mi dueña. Imaginen cuantos años pasaron y yo sigo enorme, en su living, pareciendo ser lo único que se mantiene en pie después de tanto tiempo.
Mónica es quien ha tenido tanta paciencia y dedicación conmigo, soy uno de sus orgullos. Walter, su marido, me llevó a su casa un 18 de octubre de 1987, para el día de la madre. Habían sido papás hacía un par de meses y pensó que yo sería un buen regalo para Mónica. En principio no fue así, ella esperaba algo más personal, más pensado, más contundente. En definitiva, algo más caro. Pero bueno, rápidamente lo perdonó, Walter a veces parecía un chico. Siempre con ese aspecto distraído, de no entender mucho de que viene la cosa.
Me ubicaron en un rincón del living donde me daba un reflejo de sol tibiecito pero no muy fuerte porque no me gusta, me quema. Tampoco podía ir a un lugar oscuro sino pierdo mis verdeamarillos. Mónica trabajaba la mitad del día, volvía siempre con su guardapolvo inmaculado y lo primero que hacía era venir a verme. Controlaba que la tierra no estuviera seca, me hablaba, me decía cosas lindas y acariciaba mis hojas. ¡Qué hojas, señores! No es para vanagloriarme pero siempre tuve los colores y el brillo perfecto, Mónica y yo eramos un equipo implacable.
Walter, con su distracción habitual, sacudía las cenizas de sus Particulares en mi maceta, provocando así un reto de Mónica. ¡Qué descuidado era! Peor que la nena, había que andar detrás de él todo el día.
Pasaron los años y fui creciendo y mi belleza también, pero las visitas no se admiraban tanto de mi presencia, ya estaba fuera de moda. Ya la niña se había convertido en una joven diseñadora, que vivía en un departamento que hacía las veces de estudio. Incluso Mónica le regalo un palo de agua, hijito mío.
Ahora en la casa solo quedamos nosotros tres. Además, Mónica hace un tiempo que colgó el guardapolvo y nunca más salió por las mañanas. Y no sabe qué hacer con sus días. Me sigue mimando pero su tono de voz suena aletargado. Por otra parte, Walter sigue tirándome las cenizas en la tierra pero ya no hace regalos mal elegidos. En realidad, ya no le hace regalos. Y los silencios entre ellos son agobiantes.
Debo reconocer que Mónica está preocupada también por mí, ya no me ve las hojas tan radiantes como antes, dice que me estoy muriendo de pena y se asusta. Y se alerta.
A ver…? Siento sus pasos desde la habitación, pero más rápidos. Trae una cartera grande, de esas que tienen hasta rueditas y ¿sonríe? Se acerca, me abraza amorosamente, me sube a una plataforma con ruedas también y torpemente nos arrastra al carterón y a mí. Atravesamos la puerta y salimos a la calle. Colores, ruidos, personas, más ruedas, otras plantas. Luego de un trecho, nos detenemos y Mónica me dice al oído (sí, tengo oído): “Gracias por avisarme. Ahora ya no nos matará la pena porque una vida nos espera”

 
Andrea M. Leiva

miércoles, 5 de octubre de 2016

Visitando a las amigas de "Caramelos Surtidos"

El miércoles 28 de septiembre estuve como invitada en el programa "Caramelos Surtidos", conducido por Alicia Torti y Claudia María Browne. Leímos "Máquina de mirar", "La raíz del problema" y "En un ajuste de cuentas"

"Caramelos surtidos" es un programa radial que comenzó el 6/01/2016 y se emite todos los miércoles de 18 a 19 hs. por la radio de Ciencias Económicas: www.radiocv.com.ar y en simultáneo por la radio del Centro Cultural Resurgimiento de Villa del Parque: www.radioresurgimiento.com.ar

lunes, 5 de septiembre de 2016

Máquina de mirar



Estoy en el bar “Los Dos Galgos”, tratando de escribir un relato que tengo que presentar en el Taller. Como siempre, me distraigo observando a los concurrentes pero esa es mi principal herramienta: ver. 
Lo que me gusta de este bar es que no hay un televisor encendido y el volúmen de la música es sutil. 
Anteojos negros de Carey, auriculares en la sien;
no me escucha, no me ve,
y yo puedo observar tranquilo

Suena “Cinema Verite” y la voz de Charly me mece. Hasta ahora nada interesante pero veo por la vidriera estacionar una moto de gran cilindrada y muy japonesa. Espero con ansiedad a que se saquen los cascos negros. ¡Vamos! Denme la excusa para comenzar a escribir algo

La playa como un ajedrez, el tipo del Mercedes Benz,
que está tirado ahí nomás,
tiene solo una cosa en mente:
solo una chica tonta más bajo el sol,
como una propaganda de bronceador.

Señor de unos 50 años con una jovencita veinteañera. Padre e hija. No, no me sirven. Ahí entran pero…

Él sabe como impresionar, caminando como Tarzán;
el es Eva y ella Adán,
y yo estoy en cualquier planeta;
presiento que algo va a pasar, las plumas del pavo real
oscurecen hasta el sol y él se siente el rey de la selva.

… el motoquero habla con suficiencia y ella se ríe mientras se levanta el pelo de manera seductora. El tipo saca de su mochila unos libros, alcanzo a ver que son de Economía.

Y yo estoy con la máquina de mirar,
justo en el paraíso para filmar...
Yo puedo compaginar la inocencia con la piel,
yo puedo compaginar...
Yo nací para mirar lo que pocos quieren ver,
yo nací para mirar...Miro!

Ya veo… El profesor y su mejor alumna. Le habla de lo nefasto del neoliberalismo y las terribles consecuencias en América Latina, mientras de reojo controla que nadie se acerque a su moto nipona.

Ahora él le ofrece una manzana, ahora le insiste de probar,
ahora estimula sus membranas ¨por la hotline¨!

Con admiración, la piba asiente mientras él deja caer su mano sobre la suya, como por error. Y ella se queda esperando la estocada final.

En escenarios solitarios la gente se abre un poco más
y hasta dos pobres millonarios se pueden encontrar.
Cayeron los auriculares y los anteojos de Carey,
la luna baja los telones, ya es de noche otra vez.

Ahí va, él acariciándole la nuca y ella fingiendo inocencia.

Ya son las nueve y me tendría que poner a escribir.


Andrea M. Leiva
Septiembre 2016

miércoles, 24 de agosto de 2016

El arranque

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-    Hola, Marina
-   
-    ¿Hola? ¿Me vas a cortar?
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-    ¡Ah! Es bueno saber que aún te interesa algo de mi vida
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-    No... No, esperá. Nos debemos una charla vos y yo, ¿ no?
-   
-    ¿Por qué no? ¿No creés que me debes una explicación?
-   
-    ¡Desapareciste, Marina! ¡Desapareciste de un día para el otro y nunca más supe de vos!
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-    ¡Por favor! Siempre hay otro camino
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-    ¡Ah! Ahora la irónica sos vos
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-    Pasaron 10 años, Marina ¡10 años! ¿Y no pudiste dar marcha atrás?
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-    Veo que todavía seguís aferrada a eso…
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-    No podés ser tan rencorosa y tan..
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-    Eramos como hermanas. No dejo de extrañarte ni un día.
-   
-    Sos muy cruel. Además, lo decís desde una soberbia, como si vos fueras Madre Teresa de Calcuta. Vos tampoco hiciste nada aquella tarde.
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-    ¡Y sí! Yo hice lo único que podía hacer, frente al shock
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-    Pero ¿preferías vernos presas? ¿Eso querías? Bueno, fijate si la causa aún no prescribió y declará. Pero, lo sabés, vas atrás mio.
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-    ¡Vos la viste! La nena salió de entre unos pajonales y se cruzó en la ruta. ¡No se podía esquivar!
-   
-    No, eso no lo puede asegurar nadie, son cosas que dicen los forenses para generar culpa y crear morbo.
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-    Ay, Marina, Marina… Te dejo pero estás muy equivocada y lo sabés. Yo te arranqué de allí, yo te pedí que no lloraras, yo planeé todo de manera fría, . Pero también fui yo la que te ordenó, mientras llorabas y llorabas, que te pasaras al asiento del acompañante y que dejaras todo bajo mi control. Y de eso, parece que te estás olvidando. La Marina en quien yo confiaba, solía ser menos ingrata.
-

Andrea María Leiva
Agosto 2016

miércoles, 17 de agosto de 2016

Mondo Lavoro

- No sé, te encuentro después de 20 años y das vueltas y vueltas. Nunca me terminas de decir de qué trabajas…
- Bueno, es que no es sencillo de explicar. Tiene sus complicaciones
- Pero che, me menosprecias. ¿Qué tan difícil puede ser?
- Es que en realidad tiene sus bemoles pero… está bien. Voy a intentarlo. Trabajo para un grupo de clientes muy especiales y ...
- Sí, me imagino. Debe ser para la CIA ¿no?
- Ah, bueno… si lo vas a tomar así, ¿para qué me preguntás?
- Perdón, perdón… tenés razón. Seguí
- En principio investigo a qué se dedica esta gente, desmenuzo lo que hacen, lo que ofrecen o lo que venden.
- ¿Detective privado?
- ¿Puedo seguir?
- ……
- Después lo codifico para que otras personas puedan entenderlo. Casi, casi como un criptólogo de la Segunda Guerra Mundial pero no, antes que lo preguntes, tampoco soy espía.
- Ajá… Sigo sin entender nada. A ver… ¿trabajás en una empresa?
- Nooo, soy independiente.
- Y esta gente especial, ¿te paga?
- Y sí… claro. Yo tengo que traducir lo suyo para el resto de la población
- Upa… De idiomas no se trata ¿no?
- No, pero ¡mirá! sí de lenguajes.
- ¿No son lo mismo?
- No, el lenguaje es un medio de comunicación que puede ser verbal, no verbal, gestual, ¡informático!. En cambio el idioma es propio de un grupo de personas y puede ser oral o escrito.
- Ahhh, ya sé ¡sos semióloga!
- Jajajaja, no no. Pero me nutro de la semiótica. ¡Bien! Veo que vas entendiendo. Mirá, yo estoy en el medio de una comunicación.
- ¿En un medio de comunicación?
- Sí, en el New York Times. ¡No seas salame y oí bien! Escucho a los clientes, profundizo lo que me cuentan y después mediante el uso de colores, imágenes, tipografías, códigos y lenguajes trato de contárselo a la gente en general, pensando y estudiando antes que ven ellos cuando ven
- ¡Publicista! ¡Publicista! ¿Por qué no me lo dijiste antes?
- ¡Por qué no lo soy! El canal de distribución es diferente, es como una telaraña y mi trabajo se distribuye en red.
- Listo, me rindo. Pagá vos el cafecito que a mí se me hace tarde y, cuando de verdad quieras contarme a qué te dedicás, me hacés un llamadito. O escribilo, por ahí haciendo una novela de esto te sale más fácil.

- … ¿Por qué no habré estudiado para maestra, como quería mamá?


Andrea M. Leiva
Agosto 2016

jueves, 16 de junio de 2016

Puro humo


El doctor y sus controles, mis hijos y sus cuidados, mis amigas y sus consejos. En fin, no me puedo quejar, estoy rodeada de afectos que me obligan a cuidar mi salud. De todas maneras, yo insisto de una manera lúdica en repasar la historia familiar: mi madre y mi abuela murieron ambas después de los 95, sin haber sido ninguna de las dos un ejemplo de vida saludable.
Eso sí, el haber fumado un atado de cigarrillos por día durante 60 años no es algo que hayan hecho mis predecesoras y la tos que me ha venido acompañando en el último tiempo tampoco son una muestra de pulmones limpios. Pero, ¡dejar de fumar a los 75 años! En fin… Tampoco es una empresa que me quede grande, soy tan tesonera como mi mamá. Ella, todo lo que se propuso, lo logró y yo soy su vivo retrato, eso sí.
Llevo 9 días sin tocar un cigarrillo, es esencial que llegue a los diez días. Dicen que es la barrera a vencer. Aunque hoy tengo muchas ganas de dejarme ganar. Estaba caminando como poseída por mi departamento y llena de furia, por eso vine acá, para tomarme un café con leche con churros, algún gusto hoy me tengo que dar. Sí, algo que mejore mi humor.
¿Por qué les habré prometido que, sí o sí, este mes dejaba el cigarrillo? Siempre comprometiéndome a cosas que no son tan fáciles de llevar a cabo, después, claro, exploto por cualquier cosa. ¡Cómo extraño a mi marido! ¡Qué paciencia le tenía a mi mal humor cuando llegar a un objetivo se me hacía arduo! Inculcamos a los chicos la disciplina para alcanzar metas, por momentos reconozco  haber sido un poco severa pero para eso estaba Iván, para bajar un poco la rigidez. Pero tan dura no he sido, viendo con el cariño  con el que hoy me cuidan los chicos.
También tengo a mis amigas, que ayer se mostraron muy contentas. Después de nuestra ronda de té, me preguntaron cómo sobrellevaba esta abstinencia. Y me vieron tan fuerte que ya dieron por logrado lo mío. Pero no, no es tan fácil. Si usted supiera entender… 
- Sí señora, yo la entiendo. Pero, o se sienta en una mesa de las que están en la vereda o lo apaga.  Acá está prohibido fumar. 
- Está bien, che… Llevame el café y los churros afuera. Mañana retomo la  cuenta hasta diez.


 Andrea M. Leiva